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La Huajcha: Ceremonia tradicional en Chucuito Puno
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La Huajcha: Ceremonia tradicional en Chucuito Puno

Por: JUAN PALAO BERASTAIN

En el mes de agosto, con motivo de la celebración de la fiesta de la Virgen de la Asunción, el quince de dicho mes, en la ciudad de Chucuito, distrito de la provincia de Puno, se festeja la festividad católica con la realización de la Novena y Entrada de Kapos en la víspera, y la Misa y Procesión el día quince. Una ceremonia única es la develación del Estandarte, que es una pieza regular de tela bordada con la imagen de la Virgen, rodeada de ángeles. Dicho Guion, que permanece guardado en un pequeño baúl, cubierto con una tela y protegido con algodones, es motivo de un ritual en el que los Alferados proceden a descoser, en presencia de un grupo cercano y devoto, el día anterior.  Este guion es colocado en una asta de plata con su correspondiente cruz, luego es cubierto con múltiples pañuelos de seda, que también se guardan en el baúl junto con las piezas de plata. El Guion preside la procesión, es portado por los Alferados y será guardado mediante un ritual de coser la tela de protección el día de la Octava.

El evento, denominado “La Huajcha”, tiene como actividad central arrojar una gran cantidad de quispiños desde la torre de la iglesia de la Virgen de la Asunción el día 15 a partir de las 3 de la tarde, así como también las cabezas de las ovejas y de alguna llama o alpaca que fueron sacrificadas para las comidas de esos días de celebración.

 La población de la ciudad y comunidades cercanas se da cita, desde horas antes, al pie de la torre, en la explanada del atrio y en la plaza adyacente. Allí esperan recoger los quispiños que serán arrojados por los jóvenes encargados por los Alferados.

Al pie de la torre se ubican grupos de jóvenes, preferentemente de las comunidades de Ichu y Chinchera, quienes tratarán de obtener las cabezas de las ovejas mediante forcejeos, a fin de obtener, además, un buen augurio para la próxima campaña agrícola y las actividades ganaderas.

Recoger varios o muchos quispiños simboliza seguridad alimentaria y bienestar económico para la familia, por lo que se los coloca con respeto en un lugar especial de la casa, donde se guardan los alimentos.

Los preparativos de esta actividad, por los Alferados, se inician meses antes con el acopio de quinua para la elaboración de los quispiños, su lavado, tostado y molienda, y su elaboración unos días antes. La actividad de sacrificio de las ovejas se anuncia con el lanzamiento de cohetes, avisando a la población, que está atenta a los preparativos en los que participan familiares, compadres y amistades.

La cantidad de quispiños elaborados es trasladada por una comitiva de más de diez jóvenes, en costalillos característicos de franjas marrones y blancas. Las cabezas, más de seis, en picotas de carrizo.

Esta comitiva ingresa al templo y se dirige a rezar ante el anda de la Virgen de Asunción, luego proceden a subir a la torre de la iglesia, ubicándose en la estrecha cornisa, para realizar el arrojo de las ofrendas a la población expectante, quienes solicitan de varios sectores el arrojo del quispiño.

Las personas se arremolinan, empujan y pugnan por lograr obtener los quispiños. Cada lapso de tiempo, es arrojada una cabeza y se inicia el forcejeo por ella. El que logra asirla tratará de salir corriendo acompañado y protegido por sus paisanos y amigos. La salida es por el callejón aledaño, el Kurco Calle.

El tiempo empleado en arrojar la totalidad de productos es aproximadamente dos horas. Los asistentes se van retirando satisfechos por haber logrado el recojo de quispiños y comentando de quienes han logrado obtener las cabezas, interpretando el augurio para el año agrícola que inicia.

Los Alferados y su comitiva han presenciado toda esa actividad desde su lugar, sentados en bancas ante una mesa ubicada en el atrio, entre el arco y la puerta del templo. Allí se han servido diversos licores y galletas, según es tradición. Proceden a retirarse a la casa de los Alferados, acompañados por la banda de músicos y amistades, donde han de seguir las atenciones y el baile.

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La pregunta que se hacen muchas personas es: ¿desde cuándo se hace esta ceremonia?, ¿cómo se ha originado?, y ¿por qué la hacen en esta fecha y para qué?

La respuesta a esas preguntas la he recibido de personas mayores, hace varias décadas. Por tradición oral se dice que hubo unas sequías por varios años y la población de Chucuito ya no tenía alimentos, pero una tarde llegaron unos arrieros con muchas mulas y llamas cargadas de gran cantidad de maíz y otros productos, procedentes de los valles de Carumas, zona de Moquegua. Dichos arrieros preguntaban por una señora que los había contratado para que traigan todo ese cargamento a su casa, en el pueblo de Chucuito. Solamente tenían como referencia que su casa era muy grande y estaba sobre la Plaza Mayor. Preguntando en el pueblo, nadie había hecho tal compra ni envío. Anocheciendo, las autoridades dispusieron que tengan refugio y resguardo de los cargamentos dentro de la iglesia. Luego de descargar todos los costales, se acercaron los arrieros a rezar ante el altar mayor y es allí donde ellos reconocieron, en la imagen de la Virgen María de la Asunción, a la señora que les hizo el encargo, motivo de su viaje y llegada a Chucuito.

Al difundirse la noticia de los alimentos llegados, acudieron gran cantidad de personas, por lo que, atribuyendo a un milagro de la Virgen socorrerlos y salvarlos de la hambruna, dispusieron que todo sea arrojado desde la torre para un mejor reparto, incluyendo las cabezas de algunas llamas sacrificadas.

En conmemoración de ese milagro de la Virgen anualmente se realiza esta Huajcha el día de su fiesta, el 15 de agosto de cada año.

El Quispiño, como tal, es un buen alimento y es propio de los pobladores del Altiplano desde épocas remotas, infaltable en la comida de faenas del campo y en los viajes. Es elaborado con harina de quinua tostada, amasado con grasa y cal diluida en agua y cocido al vapor.

La certeza del socorro ante la hambruna y la realización, desde épocas históricas, de la Huajcha reafirma en la memoria colectiva actual que tal circunstancia y hecho fueron reales.  Considerando que Chucuito fue capital de provincia y encomienda del Rey durante el virreinato, con autoridades y capacidad económica para encargar el abastecimiento de alimentos en momentos de hambruna en el Altiplano, ello fue posible. La interpretación de la intervención de la Virgen ante las autoridades, sería parte de la labor evangelizadora de la iglesia, quedando así con una nueva versión en el imaginario popular hasta la actualidad.

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