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El coronel Catacora en Zepita y la campaña en el Alto Perú
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El coronel Catacora en Zepita y la campaña en el Alto Perú

Por: Carlos Portugal Mendoza

En este artículo retomamos la biografía, iniciada en el número 13 de ALTIPLANIA [i], de Esteban Catacora Carbajal, héroe olvidado que participó en las guerras contra el dominio realista en el Bajo y Alto Perú, libradas en las primeras décadas del siglo XIX y que culminaron con la independencia de Perú y Bolivia. Nacido en 1770, Esteban fue descendiente de los ancestrales curacas de Acora e inició en 1802 sus primeras protestas contra la mita y el tributo, y fue desterrado temporalmente de Chucuito por las autoridades coloniales.

En 1809, Esteban Catacora participó en las protestas de los ayllus de Chucuito, apoyando la revolución de la Junta Tuitiva de la ciudad de La Paz, de la cual su pariente, Juan Basilio Catacora, era un prominente líder. En 1814 se sumó a las fuerzas de Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo, participando en la toma de La Paz con Juan Manuel Pinelo, quien lo nombró teniente coronel y comandante de caballería, y en la de Arequipa con Pumacahua.

Ilustración: Santa Cruz y Esteban Catacora en Zepita

No contamos con referencias documentadas sobre Esteban Catacora entre 1815 y 1817, años en que continuó la represión realista en el Altiplano. Su nombre vuelve a aparecer en junio de 1818 en la anotación parroquial de la defunción de su hijo de 9 años, donde figura con el nombre, extrañamente, de Esteban Carbajal Catacora. A continuación, reconstruimos su itinerario político, abordando su participación como coronel de cívicos en la segunda campaña patriota de puertos intermedios de 1823, en la batalla de Zepita y en las acciones de Santa Cruz y Gamarra en el Alto Perú.

 La incursión independentista al sur Perú

El 20 de junio de 1823, procedente de Lima y con el encargo de combatir a las fuerzas realistas en el sur del Perú, las fuerzas del General José Andrés de Santa Cruz y Calahumana, compuestas por 5,095 soldados de infantería, caballería (Los húsares de la legión peruana) y artillería [ii], desembarcaron en los puertos de Pacocha (Ilo) y Arica para ejecutar la llamada segunda campaña de puertos intermedios, es decir, a aquellos ubicados entre Lima y Arica.  

Santa Cruz organizó sus fuerzas en dos divisiones, una a su cargo y la otra de su segundo, el General Agustín Gamarra Messía, las cuales emprendieron el 23 de julio paralelamente su ascenso hacia el Alto Perú, dirigiéndose Santa Cruz hacia la ciudad de La Paz y Gamarra hacia la ciudad de Oruro con el mandato de enfrentar al general Pedro Antonio Olañeta quien comandaba unos 1,500 hombres. 

El cacique Esteban Catacora contactó a la fuerza de Santa Cruz desde su arribo a la costa de Moquegua y las acompañó en su incursión en el Alto Perú, tal como lo señala en la siguiente carta:

“Mi servicio quando los Señores Generales don Andrés Santa Cruz y Don Agustín Gamarra el año veintitrés arribaron á la costa de Moquegua, donde aucilie al Exército con víberes, he hice propios a menudo a mi costa, avisando los mobimientos del Exercito enemigo: Mi servicio quando ya el Exercito del Sur ingresó al Desaguadero en donde el General en Jefe Don Andrés Santa Cruz después de haberme continuado en el grado de Coronel me hizo la gracia de Governador de este partido y en todo el tiempo que paro en aquel punto, como el día que le presentó la batalla a  Valdez me tubo a su lado, ocupandome en infinitas comisiones. [iii]

La “batalla contra Valdez” no es otra que la librada en Zepita, pueblo cercano al lago Titicaca y al río Desaguadero, el 25 de agosto de 1823. Santa Cruz le reconoció, “continuó”, dice, el grado de coronel que se había ganado en 1815 al formar parte de la rebelión de Mateo Pumacahua. Como dice en la carta, Santa Cruz también lo nombró gobernador de Chucuito, un cargo simbólico, pues el control político real de la zona seguía en manos de los realistas. 

El ingreso de Santa Cruz y Gamarra al Alto Perú y la contraofensiva realista

Tras pasar por Desaguadero el 29 de julio de 1823, Santa Cruz ingresó el 7 de agosto a la ciudad de La Paz, abandonada por las tropas realistas.  Desde El Alto, una multitud entusiasmada lo acompañó hasta el centro de la ciudad, donde se instaló una mesa en la plaza central para reclutar a centenares de voluntarios que formaron un batallón a las órdenes del comandante Caravedo y de José Antonio Gardón [iv]. No era la primera vez que Santa Cruz ingresaba en campaña militar a La Paz, ya lo había hecho en 1809 como ayudante del general realista José Manuel de Goyeneche, feroz represor de la revolución de La Paz.

José Andrés Santa Cruz Calahumana

El 10 de agosto, se realizó en la plaza de La Paz la ceremonia de la Jura de la Independencia, mientras se difundían comunicados, volantes y las listas de los voluntarios reclutados impresos en la imprenta portátil traída desde Lima por el ejército libertador. Esa imprenta fue la primera en la ciudad de La Paz. Este contexto celebratorio, no fue impedimento para que Santa Cruz, cuyo cuartel general estaba en Laja (a 36 km. de La Paz), impusiera al vecindario de la ciudad un empréstito de 200,000 pesos, que una vez recaudados fueron enviados a Lima [v].

Ese mismo 10 de agosto, Gamarra arribó a Calamarca (Aroma, La Paz) desde donde envió un emisario a los guerrilleros de José Miguel Lanza, quienes dominaban los valles de Ayopaya ubicados entre Sicasica y La Paz, para encontrarse en Oruro [vi] y unir fuerzas para perseguir a Olañeta quien, junto a sus 1,500 hombres, terminó huyendo de esa ciudad. De esa manera Gamarra entró a Oruro el 20 de agosto, sin encontrar resistencia. Lanza y sus 700 hombres lo hicieron el 23 de agosto; en su mayoría eran “lanceros de a pie” y “armados con toda clase de armas”. El 25 los guerrilleros se concentraron en el pueblo de Paria, dispersándose luego con el compromiso de acudir al primer llamado de combate.  Lanza, sus comandantes y las escuadras de caballería de la guerrilla se dirigieron a Cochabamba, que también había sido abandonada por los realistas [vii]. Con Santa Cruz en La Paz, Gamarra en Oruro y Lanza en Cochabamba, por un momento las fuerzas independentistas parecieron adueñarse del Alto Perú.

Sin embargo, la contraofensiva realista estaba en marcha.  El Virrey La Serna, que había instalado la capital del Virreinato en el Cusco debido al asedio de las fuerzas independentistas a la ciudad de Lima, había dispuesto que el General Jerónimo Valdez y sus 1800 hombres se dirigieran desde el Cusco al Alto Perú a fin de unirse con Olañeta y enfrentar a las fuerzas independentistas. Avisado de esto, Santa Cruz decidió cerrarle el paso a Valdez, para lo cual retrocede desde La Paz hacia Desaguadero.    

El 23 de agosto de 1823 Valdez llegó al puente de balsas del río Desaguadero, intercambiando disparos con el destacamento dejado allí por Santa Cruz. Al no poder cruzarlo, las fuerzas realistas se retiraron hacia el pueblo de Zepita y se prepararon para enfrentarse a Santa Cruz.   

Esteban Catacora espía descubierto

Como señala el propio Esteban Catacora en su carta a Alvarado, Catacora tomó contacto con las fuerzas de Santa Cruz y Gamarra desde que éstas arribaron a las costas de Moquegua a fines de junio de 1823. Para esas fechas, Catacora, sorprendentemente, ostentaba el cargo de subdelegado de Chucuito, nombrado nada menos que por Tadeo Gárate, Jefe Político e Intendente de Puno.

Al final del Virreinato, los subdelegados eran la máxima autoridad en cada partido (provincia)  representando directamente al intendente. Tenían a su cargo la recaudación del tributo indígena y otros impuestos; así como la seguridad y la vigilancia de los sospechosos de apoyar a las fuerzas independentistas. Además, en los “pueblos de indios” controlaban a los alcaldes y a las autoridades indígenas.

El que Catacora hubiera sido nombrado subdelegado, significaba que, de alguna manera, Catacora había sido rehabilitado por la autoridad virreinal de Puno tras su participación en la revolución de Pumacahua. No era un caso único, pues también ocurrió en otros casos. No es posible hacer mayores afirmaciones al respecto, pues no contamos con más información, pero al parecer dicha rehabilitación respondería al respaldo de los pueblos de Chucuito a los Catacora y a la necesidad de la autoridad virreinal de convivir con los curacas locales.

Esto hay que entenderlo en el contexto de la delicada situación de los realistas por el avance de los ejércitos de San Martín, la amenaza del Ejército Auxiliar del Norte de los argentinos, y la división del bando realista entre liberales y fidelistas al rey. Por lo cual, para el absolutista Tadeo Garate resultó más conveniente contar con el cacique Catacora como subdelegado.

Huasares de la legio peruana 1821

Pero, como veremos a continuación, Esteban Catacora aprovechaba su cargo de subdelegado para espiar a los realistas e informar a las fuerzas de Santa Cruz. Este juego fue descubierto por el propio Virrey La Serna quien, en una carta del 9 de agosto de 1823, le dice al Intendente Tadeo Garate: “Que dio impuesto que el cacique de Ylave, Estevan Carvajal Catacora, se ha pasado a los enemigos y que ha comprobado su conducta sospechosa, y tanto de este como de los demás que se hayan declarado en fabor del sistema rebelde irá usted formando una relación para remitírmela oportunamente a fin de que se haga el exemplar castigo que corresponde a sus viles procedimientos” ([viii]).  

La mención de “Estevan Carvajal Catacora” parece aludir a otra persona , sin embargo, no cabe duda de que se trata de Esteban Catacora Carbajal [ix], como lo aclara el mismo virrey en una misiva del 12 de agosto de 1823, dirigida también a Tadeo Gárate.

 “Con el oficio de Vuestra Señoría N°1926 recivo los partes de los sub delegados de Chucuito, Omasuyos, y Larecaxa y enterado de ellos digo, que la carta de Estevan Catacora, cacique de Ilave, al que apellida Vuestra Señoría Carbajal; sin duda por equivocación, porque entre los cinco documentos que me remite en su citado oficio no leo tal nombre, me parece es escrita con conocimiento de los reveldes Santa Cruz y Gamarra, porque su contenido es muy convinado y estudiado. Me espreso asi porque valiéndose los enemigos de todas las astucias, y estratagemas dables, no puede concevirse hayan prestado á Catacora la confianza que el asegura tener con ellos, á no encontrar una predisposicion capaz de llenar sus ideas. En este supuesto y mientras no vea otros datos, no convengo en que Catacora haya abrazado este paso para sincerarse, ni en que las noticias que dá de los enemigos merezcan asenso” ([x]).

Como vemos, el virrey La Serna señala que Catacora estaría en combinación con Santa Cruz y Gamarra. Descubierto,  Catacora se vio obligado a escapar e incorporarse abiertamente a las fuerzas de Santa Cruz poco antes de la batalla de Zepita. 

Zepita, sepulcro de los tiranos

En la madrugada del 25 de agosto, Santa Cruz, acompañado por 1,600 hombres,  400 de ellos a caballo y llevando dos cañones, atravesó el puente flotante de Desaguadero y se dirigió al pueblo de Zepita para dar batalla a Valdez, quien contaba con 1,800 hombres, 700 a caballo y cuatro cañones [xi]. Frente al pueblo de Zepita, la vanguardia de las fuerzas de Santa Cruz se encontró con las patrullas de Valdez, quien alejó sus tropas y se instaló en Chuachuani o Chua Chua, a unas dos leguas del pueblo. 

Después del mediodía, con los realistas posicionados sobre unas lomas, se inició un violento tiroteo; al final de la tarde, buscando definir la situación, la infantería de Santa Cruz avanzó sobre las posiciones realistas simulando luego retroceder desordenadamente —según la versión oficial de los patriotas— y en pánico. Engañados, los realistas buscaron aprovechar la “oportunidad” haciendo avanzar su infantería, la cual fue repelida por la caballería patriota, la cual avanzó con tal fuerza que no pudo ser detenida por la caballería realista, viéndose obligada su infantería a retroceder hasta sus posiciones iniciales. Reiniciados los disparos por ambas partes, estos se prolongaron hasta caer la noche, tras lo cual ambos ejércitos se retiraron. “Parece que la batalla de Zepita atemorizó a ambos contendientes, porque los dos se retiraron : Valdez a Pomata , Santa Cruz al Desaguadero”, dice Paz Soldán [xii] 

Portal del pueblo de Zepia.

Se atribuye a Santa Cruz el error de no haber perseguido a las fuerzas de Valdés y lograr una victoria clara. Según el General Valdez, los patriotas no obtuvieron la victoria, pues los españoles preservaron sus posiciones y se retiraron voluntariamente. Por su parte, los patriotas se atribuyeron una victoria, pues los realistas registraron un mayor número de bajas: 100 muertos y 184 prisioneros, frente a los 28 muertos y 84 heridos de los independentistas.

Santa Cruz celebró el resultado escribiendo en una carta al gobierno del Perú lo siguiente: “He logrado una victoria el día de ayer en los campos de Zepita entre un cuerpo de mil ochocientos hombres mandados por el General Valdez. El orgullo de General y las circunstancias de haber convertido la cuna de los ejércitos españoles hacen de alguna más importancia un suceso que prepara el que ha de decidir la suerte del Perú.”[xiii]

Gran cantidad de material bélico quedó regado por el campo de batalla. Los realistas dejaron unos 240 fusiles, 52 caballos ensillados , lanzas, carabinas y sables que, en parte, fueron trofeos de los patriotas. Al día siguiente, por orden del Intendente Garate, el subdelegado Pedro Miguel de Urbina, futuro primer prefecto republicano, se encargó de recoger las armas y entregarlas a los realistas [xiv].

Por la batalla de Zepita, Santa Cruz fue nombrado Gran mariscal del Perú y se repartió entre sus oficiales y soldados una medalla con la inscripción “En la cuna de los tiranos, labre su sepulcro”, en alusión a que fue en Zepita donde en 1809, el Mariscal Goyeneche organizó el ejército realista para reprimir y derrotar la revolución de La Paz y Cochabamba de ese año y luego las del Cusco y el altiplano de 1814 y1815 [xv] .  

Los aymaras y quechuas en la campaña del Alto Perú

El último tramo de la guerra por la independencia en Puno (1820-1824) y la participación de los quechuas y los aymaras han sido poco estudiados. Las investigaciones recientes han empezado a echar nuevas luces sobre estos temas, por ejemplo, se destaca el apoyo, no siempre voluntario, de los caciques a los realistas, ya sea con hombres, víveres y dinero [xvi] . El caso de Esteban Catacora muestra que también hubo caciques y población indígena que se sumaron a “La Patria”, como llamaban los guerrilleros de “Ayopaya” al ejército independentista, y a “La libertad” de la que hablaba Esteban Catacora.

Medallas por la batalla de Zepita

De hecho, en la batalla de Zepita debieron estar presentes quechuas y aymaras, que actuaron junto a Esteban Catacora y otros líderes locales de los pueblos y ayllus de Chucuito, cuyos nombres emergieron cuando para fines de 1824 formaron parte formal de los guerrilleros o “cívicos” de las fuerzas independentista tomaron la ciudad, teniendo -como veremos en un próximo articulo- destacada actuación en la defensa de Puno frente a los intentos realistas de capturarla nuevamente. 

Al rastrear la información sobre Catacora, hemos podido constatar que otros rebeldes actuaron en Puno en la coyuntura de la batalla de Zepita, como señalaba el realista Francisco Roldán, encargado de la ciudad de Puno cuando esta fue abandonada momentáneamente por los realistas. En una carta al Intendente Tadeo Gárate, del 12 de setiembre de 1823, dice lo siguiente. 

“Por Guancané nos amenasa (segun noticias), el caudillo Mamani con cuatrosientos hombres de Tropa, y aseguran que por aquella parte se dirigen Nabajas, Lanza, Gramajo, y Castro con mayor numero, y que se adelantan á Mamani los indios sublevados. Estos últimos, aunque no son de temer por su fuersa, lo son por las noticias que comunican, y porque nos privan de ellas á nosotros” [xvii].

Otra referencia es el intento del 2 de setiembre de una pequeña partida guerrillera para detener  el cruce de las fuerzas del Virrey La Serna por el río Desaguadero cuando se dirigía a La Paz  persiguiendo a Santa Cruz: “ Pasando por los pueblos de Guacullani , Pisacoma y Santiago de Machaca , atravesó (Las fuerzas del Virrey La Serna y de Valdes) el rio Desaguadero por el vado ó puente de balsas de Calacoto, 40 leguas más abajo del primer punto, venciendo la pequeña resistencia que le opusieron los guerrilleros patriotas (2 de septiembre)”.

En la batalla de Zepita estuvieron presentes criollos, mestizos e indígenas reclutados por Santa Cruz en La Paz. Su participación ha sido omitida en los informes militares y los estudios históricos sobre esta batalla. Hay que destacar que la guerrilla de José Miguel Lanza estaba formada en su mayoría por indígenas quechuas y aymaras, aunque el propio Lanza era criollo. Cabe señalar que esta guerrilla no participó en la batalla de Zepita, a pesar de que así lo afirmaron algunos historiadores [xviii]. De acuerdo con el diario personal de Santos Vargas, uno de los comandantes de la guerrilla de Lanza, éste y sus hombres se unieron a Gamarra el 23 de agosto y el 25, día en que se produjo la batalla de Zepita, estuvieron en el pueblo de Paria, cerca de Oruro, muy lejos de Zepita.

Por otro lado, la siguiente referencia muestra que, si bien el apoyo popular a las fuerzas de Santa Cruz y Gamarra podía ser limitado, los caciques y la población rechazaban formar guerrillas a favor de los realistas, tal como lo quería imponer el Intendente Tadeo Garate, conforme a lo que señala la siguiente comunicación del ejército patriota.

“Al llegar el ejército (de Santa Cruz) á Santa Rosa…se supo por relaciones y documentos originales, que el desnaturalizado y traidor Gárate, intendente de Puno, …proyectó una medida que ni los españoles mismos se han atrevido á imaginar. Tal era la de armar los naturales indígenas de la provincia, para que, situándose en la cordillera, hostilizasen al ejército robando ganados y cabalgaduras, y tomando los enfermos cansados. Mas este monstruo de la especie humana ha tocado su desengaño en la resistencia con que dichos naturales se negaron á ejecutar el plan, haciendo temblar á cuantos caciques tuvieron la osadía de proponérselo” [xix].

Persecución de Santa Cruz:  la campaña del Talón

El 28 de agosto las fuerzas comandadas por el Virrey La Serna, que venía desde el Cusco, se reunió con Valdez en Pomata, con lo cual los realistas alcanzaron un contingente de 4,500 hombres [xx] y buscaron alcanzar a Santa Cruz, que, al quedar en desventaja en número de soldados, marchó hacia Oruro para reunirse con las fuerzas de Gamarra.  Quizás en ese momento Santa Cruz se dio cuenta del error que había cometido al dividir sus fuerzas, incluso contraviniendo las instrucciones recibidas en Lima de que, “por ningún motivo” lo hiciera. 

Avanzando a marchas forzadas, Santa Cruz se encontró con Gamarra el 8 de setiembre en Panduro, al norte de Oruro, con lo cual las fuerzas patriotas alcanzaron alrededor de siete mil hombres, incluyendo la fuerza del general José Miguel Lanza [xxi], frente a los poco más cuatro mil soldados del virrey La Serna y Valdez que habían perdido hombres en su apresurada marcha.

Los patriotas avanzaron hasta Sora-Sora, al sur de Oruro, para impedir el encuentro del virrey La Serna con Olañeta, que venía desde Potosí. Pero La Serna, hábilmente, eludió el combate y logró unirse a las fuerzas de Olañeta, conformando así una fuerza de 5,800 hombres. A pesar de estar en ventaja en el número de efectivos,  Santa Cruz decidió que todas las fuerzas patriotas retornaran desesperadamente al puente del Desaguadero y buscaran las costas.

En Sicasica, perseguido por los realistas, Santa Cruz desplegó sus escuadrones de caballería para contener por algunas horas al virrey La Serna [xxii], lo que, sin duda, fue una confrontación menor y no una batalla. La persecución continuó hasta que el ejército realista alcanzó al patriota,  en el lugar llamado Sepulturas, cerca de Oruro. Santos Vargas, testigo de los hechos, lo contó así:

“El día 12 (setiembre) y estando para empezarse ya los fuegos, la Patria no hizo más movimiento que estarse mirando y dejarlo pasar al ejército del señor virrey, como que se pasó; la Patria dio media vuelta y se entró a Oruro. Pero a pesar de que la gente del virrey estaba enteramente estropeada, cansada la caballada, la gente esperaba siquiera un corto principio de tiroteo para pasarse pronunciando a la Patria, que, si no es la impericia o cobardía del general en jefe don Andrés Santa Cruz, entonces hubiese ya triunfado enteramente la causa de la libertad americana. Sobre la retirada [de la Patria] hay mil opiniones que no pueden sacarse una consecuencia, una poca de verdad” ([xxiii])

“El 16 a la 1 del día entró el señor virrey a Oruro con 5.800 hombres vencedores sin un tiro de fusil y pasó en pos de los corredores. Desde la distancia de tres leguas principiaron a tomar prisioneros en toda la retirada de la Patria y el avance de las tropas españolas; hasta el punto de Sicasica tomaron casi la mitad del ejército de la Patria que componía en ese momento todos reunidos 5.000 hombres. Así siguen la retirada, o dispersión o derrota de la Patria, que no sé qué decir de tal corrida; unos por el Desaguadero, otros por La Joya, algunos por Huancaroma, otros por Chilahuala y Nasacara y por todos los puntos que podían pasar” [xxiv].

Avanzando a 65 kilómetros por día, los soldados del Virrey alcanzaron el 17 de setiembre a las fuerzas patriotas cerca de Ayo Ayo. Allí Santa Cruz quiso detenerse para combatir, pero se le había extraviado la artillería, por lo cual siguió huyendo en desbandada, siendo capturadas sus banderas, imprenta, municiones, artillería y una gran cantidad de prisioneros.  

El 20 de septiembre Santa Cruz y Gamarra llegaron a Pomata pensando encontrar a Sucre, pero este, al enterarse de la situación del ejército patriota, había desistido de ir a su encuentro.  El 21 de setiembre, el general Lanza, con sus 700 hombres, al ver todo el desastre, decidió dejar a Santa Cruz y dirigirse a Cochabamba. Con él se fueron gran cantidad de enfermos y heridos y otros que decidieron seguir luchando como guerrilleros  [xxv].  

 El 24 de setiembre empezaron a llegar a Moquegua los restos del ejército de Santa Cruz, en un número no mayor de ochocientos hombres, para pasar al puerto de Ilo y ganar los barcos.  La persecución de las fuerzas patriotas por los realistas fue conocida como la campaña del “talón” porque todo el tiempo estuvieron “pisándoles los talones” a Santa Cruz. 

Por su parte, Lanza, perseguido por las fuerzas de Olañeta el 16 de octubre presentó batalla a los realistas en Falsuri (a 80 kilómetros de Potosí). La superioridad numérica de estos se impuso, por lo que luego de un encarnizado combate, las fuerzas de Lanza se dispersaron y retornaron a los valles de Ayopaya. En enero de 1825, tras la batalla de Ayacucho, Lanza y sus hombres llegaron a La Paz y proclamaron la independencia del Alto Perú.    

Esteban Catacora informante de Antonio José de Sucre

Luego de su participación en la batalla de Zepita, Esteban Catacora acompañó a las fuerzas de Santa Cruz cumpliendo tareas importantes, como mantener la comunicación con Sucre. La siguiente carta [xxvi] es la respuesta de éste, desde Arequipa, a la comunicación que Catacora le envió el 11 de setiembre de 1823, desde Signachura informándole sobre una acción ocurrida en Sicasica (a unos 120 km de La Paz). 

21 de setiembre

Al comandante don Esteban Catacora y Carvajal

Se ha recibido la de Ud. Fecha de 11 de setiembre en Signachura en la que me participa el triunfo obtenido en Sicasica por las armas libertadoras contra la Serna, Valdés y Carratalá. Esta noticia me es sobremanera plausible, pero al mismo tiempo deseo saber circunstanciadamente el suceso, el estado a que se hallan reducidos los españoles, la posición actual del ejército al mando del señor general Santa Cruz, la dirección que tome este último, y en fin, todos los movimientos de uno y otro ejército. Espero pues que Ud. Me envíe avisos repetidos y exactos de todo lo ocurrido y por medio de expresos que vengan volando.

Dios guarde &

J. A. de Sucre.

Ver También

Este suceso en Sicasica no fue propiamente una batalla, sino, como hemos dicho en líneas más arriba, las acciones de resistencia de caballería patriota a la caballería realista para dar tiempo a las fuerzas de Santa Cruz para que pudieran huir [xxvii]. Más allá del intento de magnificar dichas acciones [xxviii], la carta de Catacora evidencia su participación en la campaña militar luego de la batalla de Zepita; asimismo, gozaba de la confianza de Santa Cruz y tuvo contacto con el propio Sucre. No sería la única ocasión en que Catacora y Sucre se comunicaron.  El 28 de diciembre de 1824, luego de la Jura de la Independencia en Puno, Catacora recibió en Acora una carta del vencedor de Ayacucho en la que lo nombra  “comandante de guerrillas” y le ordena organizar “tropas militares”. Pero, esta es una historia que contaremos en un próximo artículo.  


[i]  Portugal C.(2025). Un Lupaca en la Independencia. Revista ALTIPLANIA, N° 13: 32-39 pp.

[ii] Dellepiane C. (1977) Historia militar del Perú. Tomo I. Biblioteca Militar del Oficial. N° 32.

[iii] Con esta carta, escrita en enero de 1825, Esteban Catacora Carbajal se presentó al General argentino Rudecindo Alvarado, quien dirigía las fuerzas independentistas en Puno, luego de la jura de la independencia en esa ciudad el 30 de diciembre de 1824. 

[iv] Santa Cruz V. (1941) Historia Colonial de La Paz. Municipalidad de La Paz. Entre los reclutados en La Paz y que pelearon en Zepita están el mencionado José Antonio Gardón y, además, Eusebio Guillarte, quien hizo carrera militar y fue ministro en el gobierno de Ballivián; Pedro José Calderón de la Barca, quien ya había combatido junto con Pinelo en 1814 y que se sumó a las fuerzas de José Miguel García Lanza ; y Gonzalo García Lanza, estudiante e hijo del protomártir Gregorio García Lanza. Aranzaes, N. (1918). Diccionario Histórico de La Paz.

[v] Urcullo M.M (1879). Apuntes para la historia de la revolución del Alto-Perú, hoi Bolivia. Sucre.   Impr. de López. Santa Cruz (1941) señala que más bien se trató de una colecta voluntaria.

[vi] Santos Vargas J. (2016). Diario de un comandante de la guerra de la independencia de Bolivia. Publicado por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia.

 [vii] Ibid.

[viii] Carta de José de la Serna a Tadeo Garate. 9 de agosto de 1823. Fuente: ARP, Intendencia, Documentos varios 1823, Caja 48, 9 de agosto de 1823. En: Documentos sobre la guerra de independencia: Puertos intermedios: pp. 142, Peralta P., Suyo H., Flores A. , Villanueva A. Diciembre de 2023. Empresa de Generación Eléctrica del Sur S.A. – EGESUR. Grupo de Investigación Histórica Andes del Sur.

[ix] Es posible que el cambio del orden de los apellidos se haya debido a la necesidad de Catacora de españolizar su nombre para poder ser nombrado subdelegado, pues este cargo estaba reservado a españoles o criollos.

[x] Carta de José de la Serna a Tadeo Garate del 12 de agosto de 1823. Nueva Colección Documental de la Independencia del Perú Guerrillas y montoneras durante la Independencia Volumen 5.

[xi]  Miller G. (2024). Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú. Biblioteca del Bicentenario. Ministerio de Cultura.

[xii] Paz Soldán, M.F. (1870) .  Historia del Perú independiente: Segundo período 1822-1827, Vol. 1.

[xiii] Carta de Santa Cruz al Ministro de Guerra tras la batalla de Zepita. Desaguadero, 26 de agosto de 1823. Paz Soldán, M.F. (1870).

[xiv] Urbina Pedro Miguel. Gastos hechos en el recojo de armas y útiles de guerra conforme a órdenes superiores. Juli 1 de octubre.  https://bibliotecadigital.bnp.gob.pe/portal-bnp-web/#/libro/MAN-458

[xv] De hecho, según Crespo (1977) fue en Zepita donde Santa Cruz, se incorporó a los 16 años, llevado por su padre, al ejército realista al mando de Goyeneche (Crespo A. Santa Cruz, el Condor Indio. Librería y Editorial “Juventud” La Paz). Esta información parece cierta, pues José Santa Cruz, su padre, era subdelegado de Apolobamba y se negó a pagar el tributo recaudado a los rebeldes de la Junta de La Paz y lo entregó a la Intendencia de Puno en 1809 (Sobrevilla N., 2016 “Andrés de Santa Cruz, el caudillo de los Andes).     

[xvi] Ver entre otros los estudios de: Pilco N. (2021). Puno durante la Independencia 1809 – 1825. UNA Puno; Ramos R. (2025). Avituallamiento para las tropas realistas a fines de setiembre de 1824 en el altiplano septentrional en camino hacia la Batalla de Ayacucho. Revista Argumentos (online). Volumen 6, número 1. https://revistaargumentos.iep.org.pe/index.php/arg/es/article/view/87 ; Calsín, R. (2018). La proclamación de la independencia en Puno. Juliaca; y Amat y León, E. (2023). Los realistas desleales en Puno, Perú (1814 -1816).

[xvii] Tomás Roldán al Intendente Tadeo Gárate. Carta del 12 de setiembre de 1823. Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo V.  La Acción Patriótica del Pueblo en la Emancipación. Guerrillas y Montoneras. Volúmen 5.

[xviii] Luis Crespo (1918). Vida del guerrillero José Luis Lanza. Este historiador boliviano señala que Lanza y sus guerrilleros se sumaron a Santa Cruz en La Paz y que combatieron en Zepita. Por su parte, Bonilla M. (1923), Batalla de Zepita. Conferencia reconstitutiva de la batalla, sustentada en su primer centenario, historiador peruano, dice que, como señala Santa Cruz en un documento oficial, Lanza se retiró el día 21 a Cochabamba.

[xix] Gaceta N. 1 del Ejército del Perú, Libertador del Sud. Movimientos del Ejército Libertador. Boletín N. 3. Viacha agosto 17 de 1823.

[xx] Paz Soldan, M.F. (1870). El número de 4,500 hombres es corroborado por Miller (2024).

[xxi] Paz Soldan, M.F. (1870).

[xxii] Crespo L. (1918).

[xxiii] Santos Vargas, J. (2016).

[xxiv] Ibid. (2016).

[xxv] Crespo L. (1918).

[xxvi] Archivo de Sucre 1823. Fundación Vicente Lecuna. Fundación Banco de Venezuela. 1974. Página 436. Documento 1,481.

[xxvii] Brandsen (1910). “Los escritos de Federico de Brandsen”, compilados por Federico Santa Coloma. Buenos Aires.

[xxviii] Al parecer, Sucre no dio mucho crédito a la carta en medio de las noticias confusas que le llegaban y trató de corroborar los hechos, como puede verse en esta otra carta. “Setiembre 20 Al señor General Mariano Portocarrero. Aunque el capitán Nieto me escribe desde Omate el día 16 que el día 9 estaba en Puno el Virrey con sus tropas de regreso de Ilave preparándose a toda prisa para retirarse a Lampa cubierto de la mayor confusión, anoche he recibido la carta de don Esteban Catacora y Carvajal, una nota del 11 datada de Signichura que a la letra dice así. (Aquí el contenido del oficio) . Tengo el honor de transcribirlo a V.S. para que comparando ambas exposiciones las del grado de probabilidad que merecen en el supuesto de que antes de ayer recibí la noticia de la segunda derrota del ejército español por diferente vía y en otros términos a los que expresa el comandante Catacora. Dios guarde a usted & (J.A. de Sucre)  

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