Carlos Portugal Mendoza
El 6 de julio de 1833, el Comandante de Cívicos Esteban Catacora Carbajal, con más de 60 años al momento de su fallecimiento, fue enterrado en Ácora, su pueblo, en la provincia de Chucuito, Puno. Descendiente de los curacas Catacora, antiguos gobernantes de una de las cabeceras más importantes del reino Lupaca, su funeral congregó a mucha gente del pueblo y del campo, pues a pesar de que los Catacora ya habían perdido su poder, la población de los 63 ayllus de Ácora acostumbraba a rendirles homenaje de esa manera (1).
La historia oficial y, lo que es peor, la memoria colectiva local y regional han olvidado a Esteban Catacora, a pesar de su participación en las rebeliones por la independencia del Perú ocurridas en el sur a principios del siglo XIX. En 1809 apoyó a la revolución de la Junta Tuitiva de La Paz; en 1814 participó en la rebelión del Cusco, encabezada por los hermanos Angulo y Pumacahua, integrando las expediciones que tomaron las ciudades de La Paz y Arequipa. En 1823, se sumó a las fuerzas patriotas del General Santa Cruz, a quien acompañó en su incursión en el Alto Perú, combatiendo en la victoriosa batalla de Zepita (2).

Luego de la jura de la independencia en Puno, el 30 de diciembre de 1824, Esteban Catacora se incorporó al Ejército Unido Libertador del Perú, siendo designado por José Antonio de Sucre, Comandante de Guerrillas. Lideró así una partida de guerrilleros en defensa de la ciudad de Puno durante los primeros meses de 1825, vigilando a las tropas realistas de José María Valdez, quien llegó a ocuparla momentáneamente.
Terminada la guerra de la independencia, Catacora fue nombrado Comandante de Cívicos de la provincia de Chucuito para apoyar al naciente Ejército del Perú. Con ese cargo estuvo en la reunión realizada en Azángaro en 1827, en la cual se decidió el respaldo del departamento de Puno a la Asamblea Constituyente que, tras la caída del régimen vitalicio de Bolívar, promulgó una nueva Carta Magna y eligió al primer Presidente Constitucional del Perú.
Esteban Catacora vivió en una época crucial, marcada por la liberación del Perú del dominio español y su nacimiento como República independiente. Una época de incertidumbre, esperanza y frustraciones para las mayorías nacionales que lucharon en las guerras de independencia. La sacrificada participación, en ambos bandos, de quechuas, aymaras, otros pueblos indígenas, afroperuanos y mujeres ha tenido escasa atención por parte de los historiadores de los siglos XIX y XX. Situación que apenas cambió con la publicación de la Colección Documental de la Independencia del Perú, en 1971, y los escritos de Ella Dumbar Temple sobre la intervención popular en el proceso independentista (3).
En este primer artículo, rescatamos la figura de Catacora para dar nombre y rostro a los innumerables protagonistas anónimos del proceso independentista. Esclarecer su trayectoria y puede ayudar a comprender las razones históricas por las cuales muchos quechuas, aymaras y uros se sumaron a la lucha por la libertad en el altiplano y el sur del país.
Acora y la familia de Esteban Catacora
Esteban Catacora nació en Ácora (“hierba amarga”, según el Diccionario de L. Bertonio) en el territorio del reino “Lupi jaque”, “hombres sol”, uno de los más importantes surgidos alrededor del lago Titicaca luego de la desaparición del Estado Tiahuanaco en el siglo XIII. Durante la Colonia este territorio se denominó Chucuito y con la reducción de ayllus en “pueblos de indios”, en tiempos del Virrey Toledo, se formaron en las antiguas cabeceras Lupaca, los pueblos de Chucuito, Ácora, Juli, Pomata y otros. Para la segunda década del siglo XIX, años de mayor actividad independentista de Esteban Catacora, Chucuito con sus 52,000 habitantes (4) era la provincia más poblada de Puno, con un 94% de aymaras principalmente y también algunos urus, y resto, mestizos, criollos y muy pocos españoles.

No está claro si los Catacora fueron curacas de Ácora antes de la invasión de las huestes españolas, en todo caso, la Visita de Garci Diez de San Miguel a Chucuito de 1567 registra la figura de Cristóbal Catacora como curaca de la parte Janansaya de Ácora y de don Antonio Cache en la parte Jurinsaya. Cristóbal Catacora poseía gran número de ganado, tierras y derecho a aprovechar el trabajo de los miembros de los ayllus. Gracias a alianzas matrimoniales y a una amplia descendencia extramatrimonial, los Catacora extendieron su presencia en Puno y el Alto Perú.
De acuerdo con la fecha de la inscripción de la defunción de Esteban Catacora y la edad aproximada que tenía entonces, más de 60 años, habría nacido alrededor de 1770 (5). No hemos podido identificar los nombres de su padre y madre. En una carta de la época se dice que era hijo natural de Basilio Catacora, uno de los líderes de la revolución de La Paz de 1809, lo cual es improbable, pues Basilio Catacora nació en 1760.
Lo que sí queda claro es que era tenido por pariente de Juan Basilio Catacora Heredia, con lo cual sería familiar del curaca Agustín Catacora, padre de Juan Basilio. Así, lo señala una carta de Manuel Quimper, Intendente y Gobernador de Puno, que citaremos más adelante. Agustín Catacora era hermano de la “curaca” Isidora Catacora, y al igual que ella poseía tierras tanto en Acora como en los valles de Moquegua y Tacna (6).
De acuerdo con las inscripciones de bautizo y defunciones de la parroquia de Ácora, Esteban Catacora se casó en 1790 con María Mercedes Machado, con quien tuvo al menos dos hijos, Juan y Esteban, y dos hijas, Justina y Benita. María Mercedes Machado, era de ascendencia española y su familia residía en Ácora. En los documentos parroquiales, Esteban y Mercedes reciben el trato de “vecinos”, “don y doña”, e incluso de “vecinos españoles”. En algunos casos, los apellidos de Esteban aparecen invertidos, por motivos que explicaremos más adelante.
Cuando se produjo la rebelión de Tupac Amaru en 1780, Esteban Catacora tenía alrededor de diez años, y sin duda conoció los dramáticos acontecimientos ocurridos en Chucuito cuando en 1781 llegaron las tropas de Tupac Amaru y Tupac Catari. En abril de ese año, Isidro Mamani y Pascual Alarapita, respaldados por la población, tomaron Juli y fueron degollados los vecinos españoles y luego colgados en la plaza principal. En Ácora la Iglesia de San Pedro y San Pablo fue incendiada; los españoles y criollos tuvieron que huir, al igual que los curacas que apoyaban a los realistas, como fue el caso de Norberto Catacora. Isidora Catacora, conocida por su riqueza, donó tres mil pesos duros a las fuerzas del rey, sosteniendo, además, a 300 soldados acantonados durante tres años en Chucuito (7).

Como es evidente por sus cartas y mensajes, Esteban Catacora sabía leer y escribir. Posiblemente hizo estudios en la escuela parroquial de Acora sostenida por el sacerdote José Erazo de Burunda en los años 80 del siglo XVIII (8). Sin embargo, se desconoce si tuvo mayores estudios; no hay información de que haya estado en el Colegio Mayor para Indios Nobles de Juli, el cual estaba en decadencia a fines del siglo XVIII tras la salida de los jesuitas del Perú. Quizás estuvo en las escuelas y clases organizadas por las diferentes órdenes religiosas. En todo caso, no tuvo el nivel de estudios de Juan Basilio Catacora, quien estudió en el Real Colegio San Francisco de Borja del Cusco y se graduó como jurista en la Universidad San Antonio de Abad del Cusco.
Su participación como coronel de cívicos en las batallas de la independencia da cuenta de alguna formación militar. Probablemente hizo el servicio en las Milicias del Rey, establecidas en el sur peruano especialmente luego de la Gran rebelión de Tupac Amaru. Servir en esas milicias no significaba necesariamente un compromiso con los realistas, como podemos verlo con el caso de un pariente suyo, Esteban Carbajal, quien fue subteniente y participó en una protesta, la cual mencionaremos más adelante, y dijo que no quería hacer ostentación de ese grado “pues era Indio y que por eso no cargaba insignia ni traía fraguitas, no cosas coloradas (aludiendo a los “colorados”, los españoles) porque en breve les darían en la cabeza estos mistis” (9).
Esteban Catacora, sus primeras protestas y la revolución de La Paz en 1809
En 1802 se presenta la primera noticia documentada de la rebeldía de Esteban Catacora frente al régimen colonial español, expresándose en contra de la mita y el cobro de los tributos. Por ello, el Subdelegado de Chucuito, Miguel Echenique, lo desterró prohibiéndole, por cuatro meses, acercarse a menos de cuatro leguas del pueblo de Chucuito, siendo además separado de todos los cargos que ocupaba (10).
Dos años después, en 1804, la rama familiar de Agustín Catacora, y con ella Esteban Catacora, estuvo relacionada con el intento de rebelión en el Cusco de Gabriel Aguilar y Antonio Ubalde. “Aguilar había viajado a La Paz para sincronizar el plan subversivo. Al pasar por Chucuito se entrevistó con el cura José Miguel Salinas; en Acora con los Catacora. En la urbe del Illimani… con Pedro Domingo Murillo. Entre ambos se habría perfilado una amistad” (11).
En 1809 se produjo la revolución de La Paz, cuando el 16 de julio la población de esa ciudad, liderada por Pedro Domingo Murillo y, entre otros, por Juan Basilio Catacora, derrocó al gobernador español y estableció una Junta Tuitiva. En esa ocasión, Esteban Catacora, quien tenía el cargo de recaudador del tributo, expresó públicamente su respaldo a la revolución de La Paz, seguramente como parte de un plan preconcebido para sumar a la población de Chucuito a la revolución. La información fue registrada por Manuel Quimper, Intendente y Gobernador de Puno, quien señaló en una carta que: “por medio de su alguacil mayor, Julián Antezana, recibió la noticia extrajudicial de que Esteban Catacora Carvajal, recaudador del repartimiento de Acora, había ofrecido a un pariente de La Paz, el abogado Juan Basilio Catacora, miembro del Cabildo y luego de la Junta Tuitiva, veinte mil indios para apoyar la revolución” (12) .

Esta información corrobora lo dicho por Esteban Catacora en la carta que dirigió en 1824 al General Rudecindo Alvarado, manifestando que estuvo “comprometido con la Junta Tuitiva de La Paz”. Su participación en las numerosas protestas de los ayllus de Chucuito en el contexto de la revolución paceña fue señalada también por Tadeo Gárate, diputado por Puno en las Cortes de Cádiz, en la carta que dirigió al Rey de España en 1813 (13).
Las protestas buscaban la eliminación del pago del tributo indígena, haciendo eco de la abolición decretada por la Junta Tuitiva de La Paz. También rechazaban la sustitución de los curacas originarios por españoles o criollos para cobrar dicho tributo. En Ácora, por ejemplo, la población reaccionó en contra de la toma de posesión del reemplazo de los hermanos Esteban y Mauricio Carbajal, “indios principales”, por un “misti”, el Coronel José Guerra. La población se presentó de manera amenazante; los hombres con palos y las mujeres con sus “tupus” (prendedores con punta) y se escuchó decir que “en breve les darían en la cabeza a estos mistis” (14).
En el proceso judicial en contra de quienes participaron en la protesta, Tadeo Garate, Subdelegado de Chucuito, manifestó que Esteban Carbajal era familiar de los Catacora, “que entre los que se nominan vezinos y la mayor parte de los naturales, son de esa parentela en dicho pueblo como por ser este de la mayor población de Yndios (sic) menos reducidos a sociedad, y aún poca religión” (15).
La revolución de La Paz terminó con la derrota de la Junta Tuitiva en la batalla de Chacaltaya (25 de octubre de 1809) por las fuerzas realistas del brigadier José Manuel de Goyeneche. Juan Basilio Catacora fue capturado cuando se dirigía a Ácora, y tras ser recluido en la cárcel de Juli, fue llevado a La Paz, juzgado y asesinado junto con Pedro Murillo y los otros líderes el 29 de enero de 1810.
A pesar del respaldo que brindó a la Junta Tuitiva de La Paz, Esteban Catacora aparece en un documento de noviembre de 1810 como curaca del pueblo de Ácora. Se trata de las constancias del traslado desde Sorata hasta Puno del detenido Fermín Bustíos mediante postas encargadas a los curacas de cada pueblo (16). Esto mostraría que, después de todo, los curacas de Ácora habrían conseguido hacerse respetar como autoridades indígenas, seguramente ante el temor de nuevas protestas.
La revolución del Cusco y la toma de La Paz y Arequipa (1814–1815)
El 3 de agosto de 1814, tras cuidadosos preparativos, estalló la revolución en el Cusco encabezada por los hermanos Angulo y el curaca Mateo Pumacahua. Los sucesos del Cusco fueron bien recibidos por el pueblo de la ciudad de Puno, bajo cuya presión el 25 de agosto el destacamento realista se insubordinó, siendo apresado el Intendente Quimper, quien, tras ser paseado por las calles de Puno, logró evadirse y partir hacia Arequipa (17).
Este golpe fue coordinado entre la expedición patriota que se dirigía a La Paz, comandada por José Pinelo y el sacerdote Idelfonso de las Muñecas, y Benito Laso y Carrieri y Pascual San Román, miembros del ayuntamiento constitucional de Puno (18). De esta manera, el 29 de agosto de 1814, las columnas revolucionarias, ingresaron a la ciudad sin encontrar resistencia y prosiguieron su viaje hacia La Paz, con nuevos contingentes sumados en Puno y a lo largo de su paso por el altiplano. Entre ellos estaba Esteban Catacora.

En su carta de 1824 al General Alvarado, Esteban Catacora señala que participó en la toma de La Paz y de Arequipa como Teniente Coronel y Comandante de Caballería del Ejército del General Pinelo. La toma de La Paz se efectuó el 22 de septiembre de 1814 tras una cruenta reducción de la guarnición, lograda con el masivo apoyo del pueblo. Lamentablemente, las fuerzas realistas, comandadas por Juan Ramírez, recuperaron la ciudad tras vencer en la batalla de Chacaltaya, el 2 de noviembre. Su ingreso a la ciudad inició una cruenta represión, con fusilamientos, detenciones, vejaciones y hasta obligando a la población a pagar un impuesto de guerra.
Las fuerzas de Pinelo se vieron obligadas a dispersarse. Un grupo, al mando del padre Muñecas, se internó en la provincia de Larecaja iniciando la lucha de guerrillas, mientras el resto de los patriotas se retiró, en medio de cruentos enfrentamientos, hacia Puno. Esteban Catacora, al parecer, no estuvo en Chacaltaya, pues partió hacia Arequipa y se sumó al ejército de Pumacahua, participando en la batalla de la Apacheta contra el General Francisco Picoaga, y en la toma de Arequipa, los días 9 y 10 de noviembre respectivamente.
Esteban Catacora dice, en la ya mencionada Carta al General Alvarado de 1824, que fue ayudante de campo de Pumacahua en la batalla de la Apacheta, quien, por ser de los primeros vencedores, lo ascendió a coronel de cívicos. Debido a la inminente llegada del poderoso Ejército realista al mando de Ramírez, las huestes de Pumacahua emprendieron la retirada hacia el Cusco, produciéndose la Batalla de Umachiri (Melgar, Puno). Según lo que señala Catacora en su ya mencionada carta a Alvarado, no participó en dicha batalla.
Tampoco contamos con información de su presencia en las acciones de resistencia contra los realistas en Puno, las misas que se prolongaron hasta 1816.
No puede descartarse que haya acompañado al padre Idelfonso Muñecas y a Miguel Lanza en Larecaja (Alto Perú) donde la resistencia fue más afortunada. O quizás tuvo que ocultarse de la represión en algún lugar del Altiplano. Lo cierto es que el 10 de junio de 1818, Esteban Catacora aparece en Ácora, sepultando a su hijo Esteban, de 9 años. En los registros parroquiales, el sacerdote a cargo escribió: “1818, 10 de junio. Sepulté a Esteban Carbajal y Catacora de 9 años, hijo de Esteban Carbajal y Catacora y Mercedes Machado vecinos”. Este cambio en el orden de los apellidos quizás tuvo el propósito de burlar a las autoridades y evadir la prisión. O quizás existe otra explicación. Esto lo veremos en un próximo artículo, en el cual completaremos la biografía de Esteban Catacora, empezando con su participación y la de otros aymaras en la batalla de Zepita, e indagaremos sobre las razones históricas de su adhesión y de parte de los curacas del altiplano, a favor de la independencia.
“El hombre que procede en contra de sus ideas muchas veces se hace delincuente a una fúnebre vida”
Con estas palabras Esteban Catacora inicia su carta al General Rudecindo Alvarado recomendando sus servicios, para lo cual manifiesta las acciones más importantes, no todas, las que realizó entre 1809 y 1824 en “beneficio de la emancipación…sacrificando mi honra, familia y haberes” con acciones, “siempre de jefe” y “sin cobrar haberes en campaña viva” y “otros mucho (sacrificios que) me debe la Libertad”. Deja así claro su auténtico compromiso con la emancipación de España y con la Libertad; refrendado con una conducta coherente a lo largo de muchos años, muy lejos de cualquier oportunismo.
La figura olvidada de Catacora ejemplifica la participación de muchos líderes quechuas, aymaras y de otros pueblos indígenas en la independencia. El rescate de su historia permite ver que los pueblos originarios no fueron meros seguidores de las acciones lideradas por otros sectores, sino protagonistas activos de la emancipación. Respaldando proyectos liderados por sectores criollos, mejor posicionados políticamente en esa época, y comprometiéndose con la naciente República, a pesar de las frustraciones que ella significó.
Traer a la memoria a Esteban Catacora y a otros líderes locales contribuye a construir una visión más completa y compleja de la independencia. Y a pensar que el derrotero de la historia del Perú nos pertenece a todos.
| CARTA DE ESTEBAN CATACORA CARBAJAL AL GENERAL RUDECINDO ALVARADO Señor General de Avanguardia Rudesindo Albarado Desaguadero 27 de enero 1825 Respetado Señor. Mi general el hombre que prosede contra sus ideas muchas veces se hace delinquente á una fúnebre vida. Esto supuesto aunque quiero reprimir el recuerdo que debo hacer a Vuestra Señoría, en orden a mi exsistencia las boses de un olvido, que suelen causar las muchas tareas me instimulan a recomendarle un tanto de mis serbicios como es, haber empleado mi vida de aora dies y seis años, en sólo el beneficio de la mancipación del país, sirviendo siempre de Gefe y sin admitir sueldo alguno en campaña viva, sacrificando mi honra, familia y haberres, aprobechando en cuanto ocasiones se me han presentado. Por exemplo, mi compromiso con la Junta Tuitiva de La Paz: mi servicio de Theniente Coronel y Comandante de Caballería en el Exercito del General Pinelo, cuando el año catorce a pesar de Balde Hoyos se tomó la Paz: mi servisio en la expedición sobre Arequipa que la hizo el finado Don Mhateo García Pumacagua, que llevándome de su Ayudante de Campo para dar la batalla al General Picoaga me colocó en la División de la isquierda con cuio motibo fui el primero que canté la gloria y meresí el premio de Coronel: Mi servicio quando los Señores Generales don Andrés Santa Cruz y don Agustín Gamarra el año veintitres arribaron a la costa de Moquegua donde aucilie al Exercito con víberes, he hice propios a menudo a mi costa, avisando los mobimientos del Exercito enemigo. Mi servicio quando ya el Exercito del Sur ingresó al Desaguadero en donde el General en Jefe Don Andrés Santa Cruz después de haberme continuado en el grado de Coronel me hizo la gracia de Governador de este partido y en todo el tiempo que paro en aquel punto, como el día que le presentó la batalla a Valdez me tubo a su lado, ocupandome en infinitas comiciones. Otros muchos me deben la Libertad, cuia total referencia omito por calificarla con documentos y por qué mi taciturnidad no quite tiempo a Vuestra Señoría, contentandome por aora con sellar mi constancia y padesimientos desempeñando las ordenes de Vuestra Señoría. Disfrute Vuestra Señoría toda prosperidad como apetese este su humilde subdito que besa su mano. Esteban Catacora Carbajal. |
| Fuente: CDIP, 1971:263-264. Colección Documental de la Independencia del Perú La acción patriótica del pueblo en la emancipación: Guerrillas y montonera. TOMO 5. Volumen 6. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú. Se ha mantenido la escritura original. |
Notas
1. Hasta entrado el siglo XX la población de Ácora tenía por costumbre concurrir masivamente a los funerales de los conocidos descendientes de los Catacora. José Portugal Catacora cuenta que, en 1920, en el entierro de su madre Germana Catacora Solorzano, ocurrió lo siguiente: “Al mediodía todo el pueblo estaba repleto de hombres y mujeres del campo”. Es que la heredad de los caciques Catacora no había sido olvidada por los pobladores de los 64 ayllus aymara que formaban el cacicazgo de Acora, hasta que con la guerra por la independencia los caciques fueron reemplazados por gobernadores”.
2. Carta de Esteban Catacora al General Alvarado del 28 de diciembre de 1824. Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo 5. Volúmen 6.
3. Nuria Sala y Vila (1989) y el investigador puneño Jorge Cáceres-Olazo Monroy (1999) se han ocupado del tema y de Esteban Catacora. Más recientemente, los historiadores puneños Néstor Pilco y René Calcín también lo han tenido en cuenta en sus trabajos sobre la independencia en Puno.
4. Gootenberg, P. (1995). Población y etnicidad en el Perú (siglo XIX): algunas revisiones. Lima: IEP Documento de Trabajo, 71. Serie Historia, 14.
5. La inscripción de la defunción de Esteban Catacora Carbajal de 1833 señala que tendría “sesenta …poco más o menos años”. La anotación, en parte ilegible, está suscrita por el párroco de la Iglesia San Pedro y San Pablo de Acora. Consulta en línea realizada el 22 de noviembre del 2024 en la web de https://www.familysearch.org/es/search/collection/1877097
6. Ayala, J.L. (2009).
7. Ibid.
8. Ibid; Mendiburu (1874).
9. Nuria Sala y Vila (1989)
10. Pilco, N. (2023). En: https://punoculturaydesarrollo.blogspot.com/2023/08/para-la-historia-general-de-puno.html
11. Ponce Sanginés, et al., 1953. Citado por Reyes, J. 2011.
12. Carta citada por Romero, F. (s/f). Carta de Manuel Quimper. Puno, 5 de agosto de 1809, Fol.11
13. Vilcapoma, 2015. Las cortes de Cádiz y su impacto en el Perú y América. Academia de la Magistratura.
14. Sala y Vila, N. 1989.
15. Sala y Vila, N. 1989. La cita corresponde a A.D.C. Real Audiencia, Asuntos Administrativos Leg. 170. Expediente para dar cuenta a la Real Audiencia del Distrito, con arreglo a la Real Cédula de 99 sobre sublevación intentada, y sus incidentes Acora, Partido de Chucuito, 1809.
16. Fermín Bustios era acusado de “haver vertido especies seductivas” en contra del Rey. Colección documental “Emilio Gutiérrez Quintanilla”. Guerra de la Independencia. Tomo 1. 1971
17. Glave, L.M. (2024). Furores campesinos. Puno 1809 y 1814.
18. Huanca-Arohuanca J.; Pilco N. (2021); Amat y León, E. (2023).
REFERENCIAS
Documentos:
Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo 5. Volumen 6.
Libro de la Parroquia de San Pedro y San Pablo de Acora. Consulta en línea en la web de https://www.familysearch.org/es/search/collection/1877097.
Colección documental “Emilio Gutiérrez Quintanilla”. Guerra de la Independencia. Tomo 1. 1971.
Autobiografía de José Portugal Catacora (Inédito).
Libros:
Amat y León, E. (2023). Los realistas desleales en Puno, Perú (1814-1816). University of Notre Dame. Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas. 2023, n. 30.
Ayala, J.L. (2009). Juan Basilio Catacora. Protomártir de la Independencia Americana. Lima.
Cáceres-Olazo, J. (1999). Los Campesinos del Altiplano Q´ollavino en los Movimientos contra el Orden Colonial Hispánico (1800-1826). Cuadernos de Investigación. Departamento de Historia, Arqueología y Antropología. UNFV. Lima-Perú. 1999.
Glave, L.M. (2022). Furores campesinos. Puno y las revoluciones de 1809 y 1814. Historia. Revista de la Universidad Mayor de San Andrés. N° 50, jul-diciembre: 11-38.
Gootenberg, P. Población y etnicidad en el Perú (siglo XIX): algunas revisiones. Lima: IEP, 1995.Documento de Trabajo, 71. Serie Historia, 14.
Huanca-Arohuanca J.; Pilco N. (2021). Acciones revolucionarias en América Latina: Puno y el Alto Perú durante el proceso de independencia (1809 – 1825). Chaski Ñan. Número 14, Agosto, 2021 (70-83).
León, E. (2023). Los realistas desleales en Puno, Perú (1814-1816). University of Notre Dame. Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas. 2023, n. 30.
Mendiburu, 1874. Diccionario histórico-biográfico del Perú, Volumen 10. Lima.
Pilco N. Puno durante la guerra de independencia del Perú (1809 – 1824). En: https://punoculturaydesarrollo.blogspot.com/2023/08/para-la-historia-general-de-puno.html.
Reyes, J. (2011). 16 de julio de 1809, primera revolución libertadora e independentista que triunfó.
Romero, F. (s/f). Repercusiones de la revolución de La Paz en Puno. Revista de la Sociedad Boliviana de Historia. N° 3. 1978. En: https://archive.org/details/historia-y-cultura-3/page/n1/mode/2up
Vilcapoma, 2015. Las cortes de Cádiz y su impacto en el Perú y América. Academia de la Magistratura. Sala y Vila, N. (1989). Revueltas indígenas en el Perú Tardo Colonial. Tesis para optar por el grado de Doctor de Historia de América. Universidad de Barcelona. https://www.tdx.cat/handle/10
