Boris Espezúa Salmon, es abogado, pero, ante todo, es un hombre de letras, un poeta que se caracteriza por esa heterogeneidad y arraigo por el mundo andino. Como sabemos, Boris Espezúa, es un celebrado poeta puneño que con el libro “Gamaliel y el oráculo del agua”, ganó la XIV BIENAL de Poesía del Premio Copé Internacional 2009, premio que le visibilizó como poeta en el panorama de la poesía peruana. Pero también, es necesario mencionar que Boris, antes de ganar este premio, tan prestigioso, había publicado varios poemarios, que menciono, como es: A través del ojo de un hueso (1988) Tránsito del amauta y otros poemas (1990) Alba del pez herido (1998) y Tiempo de cernícalo (2002), libros con los cuales ya se había ubicado como un poeta imprescindible en la promoción del ochenta de la poesía peruana sureña.
Pero es a partir del premio Copé que la crítica ha ahondado en su caminar por la poesía, donde encontramos pluralismo y heterogeneidad en su poética, con una carga poética de identidad puneña que desfilan en sus versos, que además de reconocerle al poeta en su dimensión humana y ontológica, que, de alguna manera, la crítica había sesgado en reconocerle su aporte, como se verifica en las antologías de los años 80. Su poesía ha generado una contracorriente en el canon de la poesía peruana, con el poemario Gamaliel y el oráculo del agua, como uno de los libros más importantes de la poesía peruana que enlaza la vanguardia y la tradición poética puneña.
Pero no podemos entender la poética de Boris Espezúa, si es que solo nos detenemos a revisar su poesía actual, es necesario revisar toda sus obras anteriores antes del Copé, para entender que el libro ganador del premio Copé, es un trabajo mancomunado, referente, ligado, a los anteriores libros de su autoría; y, por lo expuesto, es necesario revisar los antecedentes de su poética con relación a la tradición de la poesía puneña y peruana, como aquella relacionada con la poesía de Churata, que tiene un indigenismo semillado en el seno de su obra, y que es parte de un trabajo marcado, definido a partir de la experiencia personal y humana de los libros anteriores publicados como es el poemario Alba del pez herido, donde a través de un lenguaje marcado por la vanguardia transmite la lucidez de una poesía sublime y universal, donde su mundo poético coexisten en permanente estado de trabajo cíclico y de perfeccionamiento, como es el caso: construir un mundo íntimo y universal, y por todo ello, es necesario revisar la poética de Boris, para enlazar de manera profunda el contexto de su producción actual.

La poesía de Boris Espezua es, creo la resistencia elegíaca de conmemorar el mundo andino de manera reflexiva y sin complacencia, de erigir una escritura de renacimiento, de reconocimiento y conocimiento, con una luz propia el de amalgamar el Perú en todas sus vertientes sociales.
El hilo conductor de la escritura de Boris nos lleva a caminar por una nostalgia que denota angustia, recuerdos, visiones, infancia, orígenes, horizontes, tiempos y sueños. Pero la más notorio de su poesía, es el reclamo de un asunto siempre pendiente: lo identitario, que desfila con la música de lo milenario pero que se actualiza, como es con la danza, con los paisajes, la totora, la apacheta, lo milenario de nuestro mundo aimara, el lago Titicaca, la voz de los dioses tutelares que penetra en la poesía del poeta, manera cósmica con la wifala flameando los vientos altiplánicos, haciéndonos bailar con una fe cósmica, cargado de serpentina y adversidad que se descarga con la naturaleza.
La poética de Boris es un discurso profundo de identidad que desafía y resiste a la exclusión, a partir del confinamiento que lo sostiene y que se hace cíclico al mirar su origen, nuestro origen y hace que a través de la poesía recupere lo que es la sacralidad andina, la fe en la poesía, con esa magia con que une las visiones estéticas, valorando la riqueza dancística, como sucede en el poemario Máscara en el aire.
El poemario Ajayu, del fuego y los abismos, es un libro que muestra lo que somos, un país que sobrevive a través de la palabra, un país que vive, de sus costumbres, e indaga sobre su identidad; un país con 47 idiomas, y una pluriculturalidad poco entendida, sobre lo que es ser un peruano, y ser peruanos; y lo diferente que somos, a pesar de vivir en un país llamado Perú, en la cual la disparidad cultural es el pan de cada día para entendernos, ya sea porque somos un país de una geografía diversa y lejana, con una diversidad cultural, y que, a pesar de reconocernos, seguimos siendo un país que se complejiza, y se mira distinto, por lo diverso que somos como seres humanos.
Ajayu, del fuego y los abismos, de hecho, es un poemario diferente que revisa justamente los modos diferentes que somos como peruanos, en desiguales espacios geográficos en que está asentados como nuestro país; y, desde esta representación de ser peruanos, lo que busca el yo poético de AJAYU, es sacar a flote la identidad, esa identidad cargada de significados a la puerta de la PALABRA, para ser reconocida y no ser desconocida.
Y como sabemos la identidad es la huella digital que nos representa de dónde venimos y a dónde vamos, es la que nos legitima como ser humano, que a pesar de nuestra individualidad somos parte de una comunidad, en el que necesitamos reconocernos con todas las disparidades y contradicciones, y que finalmente, somos como una nación de muchas identidades.

Ajayu, del fuego y los abismos, es un libro que explora y camina por el mundo andino como un espíritu observador, pero también, es la fuerza que contiene sentimiento y razón; es el centro de un ser que siente y piensa; es la energía cósmica que genera y otorga movimiento y todo ese movimiento proviene del ser vivo, que se visibiliza con todas esas contradicciones y disconformidades, del que estamos compuesto como sociedad, con las tensiones culturales en que vivimos y también con esa necesidad de visibilizar, lo que otros no conocen o no quieren conocer, es lo que explora este poemario.
En el Ajayu, del fuego y los abismos, se nos muestra un país de todas las sangres, un país tejido con todas sangres, producto de la heterogeneidad del que somos producto desde hace siglos y se agudiza desde hace 500 años, en este asunto de la transculturación, que no culmina, y que debería consolidarse, pero que aún mantiene su rigidez a punto de romperse.
Es un libro que está dividido en tres partes: Hojas de coca o brevetes, Asunto contra la fe pública y Alegatos para un juicio razonable, donde el yo poético habla con una voz de permiso familiar y donde la naturaleza se muestra abierta, para reencontrarse con esa familia del mundo andino, a través del ajayu, que nos dice: [Enciende su sangre atizada de fuego / para alumbrar los abismos con sus truenos / y sus flecos de quebranto], frente a la muerte, [Miedo al puñado de hojas de coca que / que dejaran en mi boca al morir y que la/ eternidad hable por mí al infinito, con mi / lengua muerta]
AJAYU, es la historia de lo que somos,
El espejo peruano.
El espejo que distorsiona lo que refleja
Pero también un espejo que nos descubre para volver a ser nosotros mismos.